¡Hola!
¿Cómo han sido esos primeros días de clases? Si me preguntas a mí, te digo que… agotadores 🥵.
Entre conocer a nuestros estudiantes, establecer rutinas, enseñar procedimientos y tratar de sobrevivir a las primeras semanas, hay muchísimo que hacer.
Hoy quiero hablarte de algo que suele generar distintas opiniones en cuanto a su efectividad y que, aunque puede parecer una destreza sencilla, para algunos niños representa todo un reto: copiar de la pizarra a la libreta.
Copiar no es tan sencillo como parece
Muchas veces asumimos que nuestros estudiantes simplemente deben mirar la pizarra, tomar su lápiz y comenzar a copiar. Para nosotros, como adultos, puede parecer algo automático. Pero para un niño que todavía está desarrollando sus destrezas de lectura, escritura, atención, coordinación visomotora y organización espacial, copiar puede convertirse en una tarea bastante compleja.
Por eso, copiar es una destreza que debe enseñarse y desarrollarse poco a poco.
Pretender que un estudiante copie cinco, seis o hasta diez oraciones sobre un tema que no comprende, que apenas puede leer o que todavía no domina a nivel escrito puede ser un grave error.
No se trata simplemente de llenar una libreta. Se trata de preguntarnos: ¿qué quiero que el estudiante aprenda con esta actividad?
Primero enseñamos el proceso
Recuerdo que cuando trabajaba en primer grado, muchas veces tenía que comenzar desde lo más básico.
Tenía que enseñarles:
- por dónde abrir la libreta;
- en qué página iban a escribir;
- dónde comenzar;
- en qué líneas escribir;
- cómo organizar el espacio;
- cómo copiar una palabra;
- y hasta cómo seguir una instrucción escrita.
Todo era parte de un proceso.
Al principio, los estudiantes necesitaban mucha guía. Comenzábamos escribiendo juntos, letra por letra y palabra por palabra. Un poquito cada día.
Con el tiempo, esa ayuda se iba reduciendo. Hasta que llegaba ese momento maravilloso en el que ellos mismos podían escribir la fecha y el tema sin ayuda.
Y entonces escuchaba:
“¡Misis, te estoy esperando!”
Porque ya habían terminado de escribir la fecha y estaban listos para continuar.
Ese momento puede parecer pequeño, pero para un maestro representa muchísimo. Significa que una destreza que antes requería acompañamiento constante ahora comienza a realizarse de manera independiente.
Copiar por copiar no es el objetivo
Aquí está uno de los puntos más importantes:
copiar por copiar no necesariamente es una estrategia efectiva.
La copia debe tener un propósito.
Si queremos que nuestros estudiantes practiquen escritura, podemos diseñar una actividad acorde con su nivel. Si queremos que trabajen vocabulario, podemos seleccionar palabras importantes. Si queremos reforzar la comprensión de un tema, podemos utilizar una oración corta y luego conversar sobre su significado.
Pero llenar páginas y páginas de texto no significa necesariamente que estamos logrando aprendizaje.
Antes de colocar un largo contenido en la pizarra, vale la pena preguntarnos:
¿Qué quiero que el estudiante logre con esto?
Y, sobre todo, ¿esta cantidad de escritura es adecuada para su nivel?
¿Qué pasa si mis estudiantes no terminan?
Si durante estos primeros días notas que muchos de tus estudiantes tienen dificultad para copiar, se quedan atrás, no terminan o necesitan demasiado tiempo, detente un momento y evalúa la situación.
Puedes comenzar preguntándote:
- ¿Les estoy dando demasiado contenido para copiar?
- ¿El texto está adaptado a su nivel de lectura y escritura?
- ¿Les estoy dando suficiente tiempo para completar la tarea?
- ¿Comprenden lo que están copiando?
- ¿La información en la pizarra está organizada de manera clara?
- ¿Necesitan un modelo visual adicional?
- ¿Hay algún estudiante que pueda estar presentando una dificultad visual o motora que requiera ser observada y atendida?
No debemos asumir inmediatamente que un estudiante “no quiere trabajar” o que “es demasiado lento”.
A veces el problema no es falta de esfuerzo. La tarea sencillamente puede estar siendo demasiado difícil para las destrezas que todavía está desarrollando.
Recordemos que lo que para nosotros, como adultos, parece fácil, para un niño puede representar varios procesos ocurriendo al mismo tiempo.
Tiene que mirar la pizarra, recordar lo que vio, identificar las letras y palabras, trasladar esa información a su libreta, ubicarse correctamente en las líneas, controlar el lápiz y, en muchos casos, comprender lo que está escribiendo.
¡Son muchas cosas a la vez!
Un apoyo visual que puede hacer la diferencia
Una estrategia que me funcionaba muchísimo al momento de enseñarles a copiar era proyectar una hoja de escritura parecida a la que ellos utilizaban en su libreta.
De esta manera, los estudiantes tenían un apoyo visual que les ayudaba a entender exactamente dónde debían escribir.
Yo iba escribiendo y ellos iban copiando.
Esto les permitía observar el tamaño de las letras, la ubicación en las líneas y la organización del contenido. Poco a poco, ese apoyo podía ir reduciéndose hasta que fueran capaces de hacerlo de manera más independiente.
Y ahí está la clave: el apoyo no tiene que ser permanente; puede ser un andamio que utilizamos mientras el estudiante desarrolla la destreza.
Enseñar antes de exigir
Como maestros, queremos que nuestros estudiantes sean independientes. Queremos que puedan copiar, escribir, organizar sus libretas y completar sus trabajos sin que tengamos que estar encima de ellos constantemente.
Pero la independencia no aparece de la nada.
Primero enseñamos. Luego guiamos. Después practicamos. Finalmente, damos espacio para que lo hagan solos.
Si en estos primeros días de clases notas que tus estudiantes están teniendo dificultad copiando de la pizarra, no lo veas únicamente como un problema de conducta, rapidez o falta de interés.
Míralo como una oportunidad para observar y preguntarte:
¿Qué necesita este estudiante para poder desarrollar esta destreza?
Quizás necesita menos contenido.
Quizás necesita más tiempo.
Quizás necesita un modelo visual.
Quizás necesita que dividamos la tarea en pasos pequeños.
O quizás, simplemente, necesita más práctica.
Porque enseñar a copiar también es enseñar a organizarse, a observar, a escribir y a trabajar de manera independiente.
Y recuerda: un poquito cada día puede lograr muchísimo a largo plazo.
Así que paciencia, maestros. Estamos apenas comenzando. Y sí… ¡también nosotros estamos aprendiendo a sobrevivir estas primeras semanas!
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